En muchas pymes familiares argentinas, la gestión financiera se aprende “en el camino”: se vende, se produce, se paga lo urgente y se vuelve a empezar. Funciona… hasta que deja de funcionar. Porque cuando los números se miran tarde, la empresa no solo se queda sin aire: también se desgasta la confianza dentro de la familia, se frenan inversiones y cualquier imprevisto (una suba de costos, una caída de ventas, un cliente que no paga) pega el doble. Leer más

